El Feminismo en la clase trabajadora

Feminismo en la clase trabajadora

El pasado viernes Mujeres Inquietas acudimos y respaldamos la charla-coloquio sobre Feminismo en la clase trabajadora celebrada en el Centro Cultural San José de la mano de la investigadora en estudios de género Mila de Frutos.

La ponencia abarcó distintos puntos estratégicos en el cambio de modelo de las diversas estructuras sociales, familiares, políticas y laborales que históricamente han sido un bloqueo para el empoderamiento de la mujer en la historia y que se han sostenido a través del binomio Patriarcado-Capitalismo. Uno de los puntos de partida para tratar el desarrollo del Feminismo en la historia es que las mujeres, en base a los planteamientos patriarcales imperantes, han llevado consigo la figura de la madre y cuidadora. “El mito de la maternidad ha perpetuado un rol único“, cuenta Mila de Frutos, lo cuál ha estigmatizado la figura de las mujeres. Entre los discursos y las prácticas que se están llevando a cabo entre los diferentes feminismos, y a lo que la investigadora aludió, es en la desmitificación de la figura de la mujer unida al rol de madre, esto es, desocupar la categoría madre como rol imperante. Y aunque contenga, si acaso, la maternidad dentro de uno de los factores de su vida, que no se pierda en ella. Que no se quede sólo ahí,  incluso teniendo hijas o hijos, incidir en nuestro derecho a definirnos de las múltiples formas posibles e imposibles, porque existe un ejercicio de control social sobre nuestras diferentes maternidades.

Otro de los puntos es el cuestionamiento del modelo de familia patriarcal imperante, esa “célula donde se asientan y establecen dos géneros, asignándose un rol para cada uno y una sexualidad diferente para cada género“. Siendo así, es necesario desmontar esta estructura como patrón único, porque no lo es.

Por otro lado, la historiografía desde el punto de vista patriarcal siempre ha tenido un enfoque androcentrista que se sostiene a través de la idea de que “entre ambos géneros existen diferencias de habilidades, capacidades y tareas que perpetúan una naturaleza para nada equivalente, pero sí completamente jerárquica”, detalla. Por lo tanto, si nos enseñan solo una parte de la historia, nos están eliminando nuestra memoria, nuestra identidad y nuestra historia, y están dejando visibles tan solo una porción vista desde un objetivo patriarcal.

El patriarcado, afirma, “es un sistema de explotación de un género sobre otroEl Capitalismo está concebido como un sistema, también de explotación, de una clase sobre otra basada en la plusvalía. En sus orígenes no había una fórmula determinada, se alimentaba de cualquier demanda de mano de obra”. Pero se hizo patriarcal para contar con una fuerza mayor, “la confrontación de un género sobre otro”. Otra puntualización es que, “el patriarcado organizó el sistema de reproducción a favor del hombre”, de modo que las mujeres se ocupaban de las labores de cuidados, que conforman dos tercios de la producción. Ambos conceptos, en tanto que sistema e ideología, forman parte de un tipo de explotación transversal y piramidal respectivamente.

Existe pues, detalla Mila de Frutos, “un interés masculino por sostener al patriarcado”.  Es innegable que ninguna clase social se libra de ser machista. En la clase obrera, afirma, “también ocurre que ambos sexos están luchando juntos, pero al lado masculino se le repite el patrón patriarcal”. De esta manera, ¿no creéis que es injusto marcar unos objetivos y luchar por los derechos sin tener en cuenta a la mitad de la población, las mujeres? Por eso los feminismos tienen varios frentes abiertos y constantemente hay que recordar que sin tener en cuenta los diferentes planteamientos que presentan, no es posible ni justa una lucha por los derechos. Si las cosas no cambian para todxs por igual, sin la revolución y la liberación de las mujeres, no existirá transformación social. No es posible, entonces, luchar por los derechos laborales de una población si no se plantea en ella las diferencias salariales en cuestión de género, y el techo de cristal -aquellas barreras laborales que impiden el avance de las mujeres en sus profesiones, donde no se les permite acceder a cargos superiores o espacios de poder-, éste además es invisible porque no existen leyes o dispositivos sociales oficiales que lo regulen. En las diferentes luchas sociales en las que se abarca el ámbito laboral, sólo el feminismo plantea realmente estas cuestiones en el marco de los derechos que se persiguen.

Finalmente, Mila de Frutos hizo una afirmación con la que deberíamos cuestionarnos algunas prácticas, acciones y planteamientos: “Hace falta que la parte masculina renuncie a los privilegios”.

María Sierra.

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